El problema no es cómo la escribiste. Es que no hay nada que la revise: un archivo de instrucciones describe, no ejecuta. Hay cinco lugares donde puede vivir el mecanismo que sí la caza, y cada uno es ciego a cosas distintas. Tres preguntas para saber cuál te toca.
Una de verdad: la que ya escribiste, que está en el lugar correcto, y que se incumplió de todas formas.
1. ¿Qué la provoca?
2. ¿Cuándo se nota?
3. ¿Dónde está el dato con el que se detecta?
La columna que decide es la tercera. Un candado no falla por estar mal escrito: falla por estar puesto donde no ve la falla.
| Punto | Qué ve | Qué no ve |
|---|---|---|
| Antes de escribir | lo que el agente está por escribir | lo que cambie otra persona, o lo que se mueva de lugar |
| Al cerrar la tarea | el trabajo antes de darse por terminado | lo que pase después |
| Al arrancar la sesión | el estado del entorno | lo que cambie durante la sesión |
| Revisión de cada cambio | el proyecto completo, cada vez | lo que sólo existe en producción, o lo que vive en una sola máquina |
| Trabajo programado | lo que el cliente ve hoy | cualquier cosa que no se note desde fuera |
Nuestro primer verificador marcó 34 falsos positivos. Un candado así se desactiva, y al desactivarse se pierde también lo que sí cazaba. Arranca acotado y amplía.
Los dos errores no cuestan igual. Borrar uno que servía te devuelve el incidente que prevenía; dejar uno inútil cuesta segundos por sesión.
La función que escribe el registro se traga sus propios errores en silencio. Un instrumento que tumba lo que instrumenta es peor que no medir.
De dónde salió la tabla, con los incidentes completos y sus números: la regla marcada CRÍTICA que se rompió tres veces en un mes, y los 113 archivos contra 3.
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