Un agente no falla por tonto. Falla porque le pediste trabajo de alguien que lleva tres meses contigo y le diste el contexto de alguien que entró hace tres minutos. Contesta las cinco capas y te llevas el archivo listo para pegar en tu carpeta.
Lo primero que lee, siempre. Va en la raíz de la carpeta.
Los límites van en la capa 0 y no más abajo: son los que aplican aunque el agente nunca llegue a leer el resto.
Qué tareas existen y cuál atiende qué. Sin esto, el agente elige por su cuenta y ahí empieza la deriva.
De la primera tarea: qué entra, qué pasa, qué sale, y dónde para.
Este alto es el freno de la deriva: el paso siguiente lee lo que quedó en el archivo, no lo que propuso en el chat.
Lo que NO cambia entre una corrida y otra. Es la receta.
Marca con un asterisco las que se pueden revisar de forma mecánica. Las que no, son guía, y conviene no llamarlas obligatorias.
Lo que SÍ cambia cada corrida. Son los ingredientes.
Contesta las capas de arriba y aquí aparece tu archivo.
Cómo se escribe lo que sabes para que una máquina lo ejecute, y cómo verificas que lo haga. Los dos primeros capítulos están abiertos.
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